La ventana de madera gana.
Pero no por lo que pone en su DAP.
Pusimos tres ventanas premium una al lado de otra —madera, aluminio con 99,5 % de posconsumo y PVC con perfil reciclado— para ver cuál tiene menos carbono. Y hay algo que nos ha sorprendido: la columna que decide el resultado es una que ni nosotros mirábamos con suficiente cuidado.
Si miras solo el carbono de fabricación, la madera parece barrer: 32,6 kg CO₂e por m² frente a los 138,7 de una ventana de PVC de serie. Cuatro veces menos. Un titular redondo.
Es decir, sería un titular redondo si ese 32,6 significase lo que parece que significa. No lo significa del todo. Y el matiz no está escondido: está impreso en la propia declaración del fabricante, en una fila que se lee rápido y se olvida antes.
Qué hay exactamente sobre la mesa
Tres soluciones de gama alta, las tres con Declaración Ambiental de Producto verificada: VELFAC Ribo Wood en madera, Schüco AWS 75.SI en aluminio y KÖMMERLING 76 AD Xtrem en PVC. Todo normalizado a 1 m² de ventana completa —no de perfil—, módulos A1–A3, norma EN 15804.
Con dos de ellas hicimos además una cuenta que conviene explicar antes de enseñar ningún gráfico. Tanto Schüco como KÖMMERLING tienen DAP de ventana completa con su material «de serie», y por separado una DAP del material reciclado que ofrecen como mejora: aluminio ULC+ con 99,5 % de posconsumo, y perfil de PVC fabricado con material reciclado. Sustituimos uno por otro y rehicimos la suma.
Quiere decir que esos dos números mejorados no son valores certificados de una DAP: son escenarios que salen de combinar dos documentos verificados del mismo fabricante. Van marcados como tales en todos los gráficos, en relleno traslúcido. Nadie debería citarlos como si fueran la declaración de un producto que existe.
El carbono de fabricar cada ventana
Lo primero que salta: el material del perfil pesa muchísimo. Cambiar el aluminio de serie por el de 99,5 % posconsumo baja la ventana de 80,2 a unos 70,3. En el PVC el salto es aún mayor —de 138,7 a unos 95,1— porque el perfil reciclado declara 0,318 kg CO₂e por kilo frente a los 4,96 del convencional.
Un aviso sobre ese «100 % reciclado» del PVC, que es de los que se prestan a malentendido: la propia declaración precisa que solo el 24,34 % es posconsumo —material que ya vivió como ventana y volvió—. El resto viene de recortes de fábrica. Es una mejora real y enorme, pero no es lo mismo que el 99,5 % posconsumo que declara el aluminio ULC+.
El carbono de la madera está prestado
Aquí está el tema. Dentro de esos 32,6 kg de la ventana de madera hay dos cifras que se compensan: la fábrica emite +56,7 y el árbol, mientras crecía, capturó −25,8. La norma permite contar esa captura dentro de A1–A3, y por eso el número final queda tan bajo.
Pero ese carbono no se queda ahí para siempre. Está almacenado en la madera mientras la ventana existe, y vuelve cuando deja de existir. La propia DAP lo dice sin rodeos: al final de su vida, el 95 % de la madera se tritura y va a recuperación energética. Es decir, se quema. Y lo que se capturó, se devuelve.
Sumando los módulos que la propia declaración publica hasta el fin de vida, la ventana de madera pasa de 32,6 a 60,1 kg CO₂e/m². Sigue siendo la mejor de las tres —el escenario de aluminio ULC+ se va a unos 84,2— pero la distancia ya no es la de «cuatro veces menos».
Verás por ahí la cifra de 43,9, que sale de restar el módulo D. No la usamos como titular y creemos que nadie debería: el módulo D son beneficios potenciales fuera del límite del sistema —lo que otro producto podría ahorrarse gracias a este—, no emisiones evitadas durante la vida de la ventana. Mezclar las dos cosas es cómo se fabrican los titulares de carbono negativo que luego no aguantan una pregunta.
Y aquí viene la trampa de la comparación
Las tres ventanas no aíslan igual. La de madera baja hasta ≈0,80 W/m²K, el PVC parte de 0,83 y el aluminio declara 1,10 en su DAP. Y esto obliga a poner una nota grande sobre todo lo anterior.
La norma EN 15804 dice que dos declaraciones solo son directamente comparables cuando comparten función, prestación, unidad declarada y límites del sistema. Aquí compartimos unidad y norma, pero no prestación: una ventana con Uw 1,10 deja escapar más calor durante cincuenta años que una de 0,80, y ese consumo no está en ninguna de estas barras.
Tampoco comparten vida útil de referencia: Schüco declara 50 años y KÖMMERLING, 40. Quiere decir que esto es una fotografía del carbono incorporado, útil para ordenar magnitudes, y no un veredicto de cuál es mejor para un edificio concreto. Para eso hay que meter el consumo de calefacción del hueco en su clima, que es otro cálculo.
Lo que cuesta, que no sale de ninguna DAP
Conviene decirlo antes de la tabla, no debajo: las DAP no contienen precios. Todo lo que viene ahora son rangos de mercado español de 2026 para ventana premium instalada y un escenario de mantenimiento. Son hipótesis nuestras, no datos verificados.
Para la madera modelizamos 75 €/m² de repintado cada ocho años —seis intervenciones en cincuenta años, 450 €/m²—, que es lo que pide una madera exterior expuesta. De ahí que salga la más cara a largo plazo pese a partir de un precio parecido.
El PVC es el caso interesante, porque su resultado depende entero de una incógnita: su vida útil declarada son 40 años. Si la ventana aguanta los cincuenta, es la opción más barata de calle. Si hay que reponerla en el año cuarenta, se pone en unos 1.550 €/m² y pierde contra el aluminio. Mismo producto, dos resultados opuestos según una hipótesis que nadie puede certificar hoy.
La madera sigue ganando, con menos ventaja
Con estas declaraciones sobre la mesa, la de madera es la ventana de menor huella incluso contándole el carbono que devuelve al final: unos 60 kg CO₂e/m² frente a los ≈84 del escenario de aluminio ULC+. El aluminio con 99,5 % de posconsumo no la supera, pero se le ha puesto mucho más cerca de lo que la gente asume.
Y hay una lectura que nos parece la más honesta de todas. Si a la madera le quitas el almacenamiento temporal y miras solo su carbono fósil de fabricación, son 56,7 kg CO₂e/m². El escenario de aluminio ULC+ está en 70,3. Un 24 % por encima, no un mundo. Con cincuenta años de vida declarada, sin repintados y con un metal que se recicla prácticamente entero, el aluminio de alta calidad se ha convertido en un competidor serio.
Lo que nos llevamos no es el ranking. Es que el número que decide este ranking —el carbono biogénico y cuándo vuelve— es una fila que casi nadie mira, nosotros incluidos hasta hace poco. Y una comparación de ventanas que no la mira no es una comparación, ¿no crees?
De dónde sale cada número
Declarado. Los 32,6 de VELFAC y el desglose fósil/biogénico salen de su DAP de ventana completa, vigente hasta 2028. Los 60,1 son la suma de los módulos que esa misma declaración publica (A1–A3 + A5 + C2 + C3 + C4). Los 80,2 de Schüco son sus 146 kg por ventana repartidos entre los 1,8204 m² de su unidad declarada. Los 138,7 de KÖMMERLING y los Uw son valores declarados por cada fabricante.
Derivado. Los 70,3 salen de sustituir en la ventana Schüco los 16,34 kg de perfil, de 1,99 a 0,89 kg CO₂e/kg (ULC → ULC+). Los 95,1, de sustituir los 9,384 kg de perfil de PVC, de 4,96 a 0,318. Aritmética publicada sobre dos documentos verificados, no una DAP de esos productos. Para el PVC no damos ciclo A–C: la DAP del perfil reciclado y la de la ventana suponen finales de vida distintos, y mezclarlas daría una cifra con aspecto de precisa y método flojo.
No verificado. Todos los euros. Rangos de mercado español 2026 y un escenario de mantenimiento propio, en euros constantes.