Análisis

Baruch Givoni: el hombre que convirtió el clima en arquitectura

«Y si antes de gastar energía intentamos entender qué está haciendo el clima?» En 1969, el arquitecto Baruch Givoni publicó esa pregunta convertida en libro — Man, Climate and Architecture — y con ella nació la herramienta que hoy usamos en el climograma de Givoni de Vega.

Descarboniza31 de agosto de 2026
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Baruch Givoni: el hombre que convirtió el clima en arquitectura
Autor
Jesús Morán
Descarboniza · Noticias

Imagina la arquitectura de mediados del siglo XX. El mundo está fascinado con las máquinas. Aire acondicionado. Calefacción. Hormigón. Vidrio. Edificios cada vez más grandes, más herméticos, más tecnológicos. La idea dominante parecía ser: «No importa dónde construyas. Si hace frío, calientas. Si hace calor, enfrías.» El edificio podía prácticamente ignorar el lugar.

Y entonces aparece un hombre llamado Baruch Givoni. Arquitecto. Investigador. Israelí. Y plantea una pregunta que parece obvia, pero que cambia completamente la manera de pensar un edificio: «¿Y si antes de gastar energía intentamos entender qué está haciendo el clima?» No luchar contra él. Entenderlo.

Givoni empieza a estudiar algo tremendamente complejo: el cuerpo humano. Porque un edificio no necesita estar a una temperatura determinada. Quien necesita estar confortable es la persona que está dentro. Y nuestro cuerpo está intercambiando energía constantemente con el ambiente. Ganamos calor. Perdemos calor. Sudamos. Evaporamos agua. Sentimos las corrientes de aire. Nos afecta la humedad. Nos afecta la temperatura de las superficies que nos rodean. Nos afecta el sol.

Así que Givoni empieza a unir mundos que hasta entonces se estudiaban demasiado separados: fisiología humana + meteorología + arquitectura. Y ahí empieza lo interesante.

Tiene delante una herramienta que ya utilizaban ingenieros: el diagrama psicrométrico. Una gráfica bastante intimidante llena de curvas y líneas que describe el estado del aire. Temperatura. Humedad. Contenido de agua. Entalpía. Etcétera. Para un ingeniero de climatización era una herramienta técnica.

Pero Givoni vio otra cosa. Vio un mapa. Un mapa donde podía colocar el clima de una ciudad. Cada hora del año podía convertirse en un punto. Madrid. El Cairo. Tel Aviv. Los Ángeles. Badajoz. Da igual. Miles de horas. Miles de puntos.

Y entonces hace algo brillante. Sobre ese mapa dibuja una zona: CONFORT. Aquí dentro, una persona puede sentirse razonablemente cómoda. Sin hacer prácticamente nada.

Pero entonces mira todos los puntos que están fuera. Y ahí aparece la verdadera genialidad. Porque Givoni no dice: «Fuera de esta zona necesitas aire acondicionado.» Dice: «Depende de dónde estés.»

Si estás un poco por encima de la temperatura confortable: mueve el aire. Ventilación natural. Si hace todavía más calor: usa masa térmica. Si las noches son frescas: enfría el edificio durante la noche y deja que esa masa absorba el calor durante el día. Si el aire es muy seco: evapora agua. Si estás por debajo del confort: aprovecha el sol. Ganancia solar pasiva. Si estás mucho más abajo: entonces sí, probablemente necesites calefacción.

De repente aquella gráfica deja de ser una gráfica. Se convierte en una especie de: manual de instrucciones del clima. Y eso es extraordinario. Porque ahora puedes coger una ciudad y preguntarle: «¿Qué arquitectura quieres?» Y el clima responde.

Un clima cálido y seco te dice: Dame sombra. Dame masa térmica. Dame noches abiertas. Déjame enfriar el edificio cuando cae el sol. Un clima cálido y húmedo te dice: No me encierres. Necesito aire. Necesito ventilación. Necesito sombra. Un clima frío te dice: Déjame entrar al sol. Guarda ese calor. Protégeme del viento.

La arquitectura empieza a salir del lugar. No de un catálogo.

En 1969, Givoni publica: Man, Climate and Architecture. El título prácticamente resume toda su filosofía. No dice: Architecture and Technology. Ni: Buildings and Machines. Dice: Hombre. Clima. Arquitectura. En ese orden. Primero está la persona. Después está el lugar. Y después aparece el edificio.

Ahora imagina lo que significaba aquello. Décadas antes de que habláramos obsesivamente de edificios de consumo casi nulo, descarbonización, cambio climático, simulación energética, passive house, diseño regenerativo o gemelos digitales, Givoni ya estaba diciendo algo fundamental: «El edificio puede hacer parte del trabajo.»

Las paredes pueden almacenar energía. Las ventanas pueden capturarla. Las sombras pueden evitarla. El aire puede refrigerar. La noche puede convertirse en una máquina de climatización gratuita. El agua puede enfriar. La orientación puede ahorrar energía durante décadas.

Y aquí viene, para mí, la parte más bonita de la historia.

Coges un archivo meteorológico de Extremadura. 8.760 horas. Todo un año. Cada hora tiene: temperatura, humedad, radiación, viento... Miles de números aparentemente aburridos. Los colocas en el climograma de Givoni. Y de repente empiezas a ver algo. Una nube de puntos. Unos caen dentro del confort. Otros aparecen hacia el frío. Otros se disparan hacia el calor del verano extremeño.

Y puedes empezar a preguntar: ¿Cuántas horas puedo resolver simplemente abriendo una ventana? ¿Cuántas puedo resolver con sombra? ¿Cuántas con masa térmica? ¿Cuántas aprovechando las noches frescas? ¿Cuántas necesitan realmente una máquina?

Y entonces ocurre algo extraordinario: el clima empieza a dibujar el edificio.

Eso es Givoni. No es simplemente «el señor de los climogramas». Su aportación profunda fue convertir la física del clima en una herramienta de proyecto.

Y cincuenta años después podemos hacer algo que Givoni solo podía imaginar. Él tenía: clima → diagrama → arquitecto → decisión. Hoy podemos tener: sensores → predicción meteorológica → edificio digital → IA → decisión en tiempo real.

Givoni podía decir: «En este clima conviene utilizar ventilación nocturna.» Hoy un edificio podría decirte: «Abre las ventanas norte y oeste a las 23:40. La temperatura exterior bajará a 21 °C. Mantén ventilación cruzada hasta las 06:10. La masa térmica perderá suficiente calor para reducir aproximadamente el sobrecalentamiento de mañana.»

Eso es una diferencia gigantesca. Pero la idea fundamental es exactamente la misma. Escuchar al clima antes de encender la máquina.

Y quizá por eso Givoni sigue siendo tan relevante. Porque detrás de todas las gráficas, ecuaciones y líneas psicrométricas había una idea casi poética: El clima no es el enemigo del edificio. Es uno de sus materiales.

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