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El día que descubrimos que la métrica del carbono premia haber usado material virgen

Leímos 115 declaraciones ambientales de ventanas españolas y encontramos una contradicción: una ventana de aluminio reciclado emitía menos que una de madera. La explicación está en cómo la norma EN 15804 reparte la huella del material reciclado — y en una columna que casi nadie enseña, el módulo D.

Descarboniza18 de agosto de 2026
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El día que descubrimos que la métrica del carbono premia haber usado material virgen
Autor
Jesús Morán
Descarboniza · Noticias

Empezamos buscando ventanas y acabamos discutiendo con la norma

La pregunta era sencilla: ¿tenemos datos de carbono de ventanas?

Teníamos unos cien registros, sí. Casi todos alemanes y casi todos de componentes sueltos: vidrios, juntas, herrajes, perfiles de rotura de puente térmico. Ventanas completas de fabricante español, prácticamente ninguna.

Así que fuimos a buscarlas. Y aquí va la primera lección, que es de método y nos costó equivocarnos dos veces en público: no se puede afirmar que algo no existe a partir de una búsqueda en Google. Llegamos a decir que no había ninguna declaración ambiental española de ventana completa de PVC. Era falso. Había ocho, y una de ellas estaba en la misma serie numerada de la que ya habíamos descargado dos documentos.

La forma correcta es enumerar los registros. Y los registros se dejan enumerar: DAPconstrucción tiene una API pública sin clave. La recorrimos entera. 217 declaraciones registradas, 17 en la familia de ventanas y puertas. Eso ya no es una impresión, es un censo.

Sumando los tres programas que operan en España —DAPcons del Cateb, GlobalEPD de AENOR y The International EPD System— aparecieron fabricantes que no teníamos en ninguna lista: en Pontevedra, en Ciudad Real, en el Rincón de Ademuz, en Asturias, en Madrid, en Zaragoza. Empresas de todos los tamaños, desde el gran extrusor hasta la carpintería de dos empleados.

De ahí salieron 115 fichas nuevas. Nuestra base pasó de 684 a 799 declaraciones, y la familia de ventanas de un centenar largo a 219, de las cuales 116 son españolas. Antes eran dos.

Pero lo interesante no fue el recuento. Fue lo que pasó al ordenar la tabla.

Una ventana de aluminio ganando a una de madera

Con los datos delante, el primer orden por carbono de fabricación —lo que en las declaraciones se llama módulos A1 a A3— dejaba esto:

| Producto | Material | A1–A3 (kg CO₂/m²) | |---|---|---| | Ventana de aluminio 100 % reciclado | aluminio | 62,6 | | Ventana de madera A | madera | 75,3 | | Ventana de aluminio (corredera) | aluminio | 86,9 | | Ventana de PVC (corredera) | PVC | 91,5 | | Ventana de madera B | madera | 96,9 |

Una ventana de aluminio con menos huella que una de madera. Y no por poco.

La objeción es evidente en cuanto la piensas dos segundos: ese aluminio hubo que extraerlo de la bauxita y fundirlo alguna vez. La energía no se evapora porque el metal cambie de dueño. ¿Dónde está?

Está en la contabilidad de otro

Bajo la norma EN 15804, el material reciclado que entra en una fábrica entra cargando únicamente con lo que cuesta recogerlo, clasificarlo y refundirlo. En aluminio, refundir ronda el 5 % de la energía de producirlo desde mineral. El otro 95 % no desaparece: se cargó una sola vez, al primer producto que usó ese metal.

Cuando un extrusor compra chatarra de aluminio, la mochila de la fundición original ya la pagó la ventana, la lata o el radiador que existieron hace treinta años.

No es un truco contable. Es la convención, está bien aplicada y es la misma para todos los que declaran bajo esa norma. Pero tiene una consecuencia que casi nunca se explica:

> El indicador A1–A3 no mide lo que cuesta fabricar un producto. Mide lo que se le imputa a ese eslabón de la cadena.

Son cosas distintas, y confundirlas lleva a decisiones equivocadas.

El módulo D, o por qué la pieza que compensa está siempre escondida

La norma tiene un mecanismo para cerrar el círculo: el módulo D, los beneficios y cargas más allá del límite del sistema. Mide el material que sale del sistema al final de la vida útil menos el que entró reciclado. El neto.

Mira lo que ocurre cuando lo pones al lado del A1–A3:

| Producto | Material de entrada | A1–A3 | Módulo D | |---|---|---|---| | Ventana de aluminio | 100 % reciclado | 62,6 | −0,24 | | Ventana de aluminio | primario + secundario | 99,4 | −27,9 | | Perfil de PVC | 100 % reciclado | 0,318 | 0,00 | | Perfil de PVC | 46 % reciclado | 1,41 | −0,348 |

El patrón es nítido. Si entraste con material 100 % reciclado, ya consumiste la chatarra disponible y no queda nada neto que acreditar a la salida. Uno se gasta el crédito en la puerta de entrada; el otro lo cobra en la de salida.

De donde sale la conclusión que le da la vuelta a una década de folletos comerciales:

> Un módulo D grande no es una virtud. Es la huella de haber entrado con material virgen. > Y un A1–A3 bajo con un módulo D en cero significa exactamente lo contrario de lo que aparenta.

Leer cualquiera de los dos números por separado te da la empresa equivocada.

Al sumar el ciclo completo, el orden cambia

Lo comparable es el ciclo entero: fabricación, más fin de vida, más el crédito o la carga del módulo D.

| # | Producto | Material | A1–A3 | C | D | A1–D | |---|---|---|---|---|---|---| | 1 | Ventana de madera A | madera | 75,3 | 6,2 | −43,8 | 37,7 | | 2 | Ventana de aluminio 100 % reciclado | aluminio | 62,6 | 0,5 | −0,2 | 62,8 | | 3 | Ventana de aluminio (corredera) | aluminio | 86,9 | 2,0 | −22,7 | 66,2 | | 4 | Ventana de PVC (corredera) | PVC | 91,5 | 2,7 | −21,9 | 72,3 | | 5 | Ventana de madera B | madera | 96,9 | 26,2 | −14,0 | 109,1 |

La ventana de madera pasa de segunda a primera, con casi la mitad de impacto que la de aluminio que encabezaba la otra tabla.

Y ahora la parte incómoda: tampoco el ciclo completo es la verdad

Fíjate en las dos ventanas de madera de esa tabla. 37,7 y 109,1. Mismo material, casi el triple de diferencia.

No es que una sea tres veces mejor que la otra. Es que asumen escenarios de fin de vida distintos. Una supone que la madera se valoriza energéticamente al final de su vida y recibe un crédito grande. La otra supone que acaba en vertedero liberando el carbono biogénico que almacenó, y ahí su módulo C4 se dispara hasta 26 kg CO₂/m².

Las dos cumplen la norma. Las dos están verificadas por terceros independientes. Y las dos son hipótesis sobre lo que ocurrirá en 2056, que nadie puede comprobar hoy.

Hay dos cosas más que ninguna tabla de carbono embebido resuelve por sí sola:

La prestación térmica. En las declaraciones que leímos, los productos van de un Uw de 0,83 a uno de 3,19 W/m²K. En treinta años de uso, la energía de operación suele superar con creces la de fabricación. Comparar carbono embebido sin fijar el Uw es comparar coches por el peso.

La vida útil. La norma de ventanas asume 30 años para todas por igual. Si un cerramiento dura cincuenta y otro treinta, el reparto por año de servicio vuelve a cambiar.

La variable que decide de verdad casi todas las obras: el presupuesto

Seamos honestos con cómo se elige una ventana en la realidad. A igualdad de prestaciones —misma transmitancia, mismas certificaciones—, muchas veces se lleva el pedido la más económica. Y el carbono se queda a un lado.

Es totalmente comprensible. El presupuesto de una obra es finito, el sobrecoste lo paga alguien concreto, y el carbono no aparece en ninguna factura. Quien elige la barata a igual prestación no es un insensible: es alguien haciendo su trabajo con las variables que tiene delante.

El problema no es ese. El problema es que hoy esa decisión se toma sin la segunda variable encima de la mesa, porque nadie la pone.

Y cuando la pones, la pregunta cambia. Deja de ser «¿cuál emite menos?» —que es la pregunta de este artículo— y pasa a ser la pregunta buena: ¿cuánto me cuesta cada kilo de CO₂ que evito? Se calcula con una división de primaria: los euros de diferencia entre las dos ventanas, entre los kilos de CO₂ que separan sus ciclos completos. Si el resultado es bajo, la ventana con menos carbono es de las formas más baratas de descarbonizar que existen en la obra. Si es alto, quizá esos euros descarbonizan más puestos en otro sitio — en el aislamiento, por ejemplo. Eso también es una respuesta legítima, y solo se obtiene haciendo la cuenta.

Las DAP no traen precios, y los precios de carpintería son de proyecto, con descuentos que no se publican — así que nuestro comparador no los muestra y no vamos a inventarlos. Lo que sí puedes hacer tú desde hoy: cuando pidas presupuesto de dos carpinterías, pide también sus DAP. Con las dos cifras, la división de arriba se hace en un post-it. Sin ellas, la conversación sobre sostenibilidad es decorativa.

Qué hemos hecho con esto

Cuatro reglas, ya como requisitos del comparador:

1. No ordenar nunca por A1–A3. El orden por defecto es el ciclo completo A1–D, con las cuatro columnas siempre a la vista. 2. Mostrar el contenido reciclado declarado junto al A1–A3, porque es lo que lo explica. 3. Exigir el Uw en cualquier comparación entre ventanas. 4. Avisar cuando dos productos asuman escenarios de fin de vida distintos. Hoy es la mayor fuente de diferencia entre declaraciones del mismo material y no la señala nadie.

Esto mueve de puesto a fabricantes que llevan años comunicando su A1–A3, algunos de los cuales son clientes potenciales nuestros. Lo publicamos igual. Un comparador que elige la métrica según a quién beneficia deja de ser un comparador el día que lo hace.

Dos apuntes de método, por si le sirven a alguien

Nos equivocamos dos veces y las dos las corrigió el documento. Asignamos mal dos acabados de una declaración por leer las tablas en orden de aparición en vez de por su encabezado, y situamos una fábrica en la provincia equivocada. En ambos casos la fuente original nos rectificó antes de publicar nada. La regla que sacamos: la lectura del PDF vence a la búsqueda, a la nota de prensa y a lo que uno cree recordar.

Y una automatización casi nos cuela un error silencioso. Nuestro primer extractor devolvía 87 filas de carbono; resultó que estaba mezclando filas de *GWP-fossil* como si fueran de *GWP-total*, porque en esos documentos la etiqueta va en la línea contigua a los números. Se detectó porque aparecían productos duplicados con dos valores distintos. Quedaron 47 filas buenas, y luego 95 al capturar un desglose que otro formato de tabla estaba ocultando. Antes de publicar, tres filas al azar contrastadas a mano contra el PDF en crudo.

Un dato ambiental sin trazabilidad hasta su documento de origen no es un dato. Es una opinión con decimales.

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*Hemos preferido no señalar marcas: el hallazgo es del indicador, no de ningún fabricante, y todos los citados aplican la norma correctamente. Las declaraciones usadas son públicas y verificables en los registros de DAPconstrucción (Cateb), GlobalEPD (AENOR) y The International EPD System; sus números de registro están en las fichas de nuestro directorio, junto al desglose completo de módulos de cada producto. Todas vigentes a fecha de publicación.*

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